Cuando Violet era bebé y me tocaba darle de lactar, yo tenía que asegurarme de que sus diminutas uñas de las manos estuvieran cortas, porque ella tenía el hábito de hundir sus garritas en mi pecho o pellizcarme.
Me ha tomado tiempo reconocer que Violet ya no es una bebita, sino más bien una infante que ahora camina con mucha seguridad, aplaude cuando alguien se ríe de sus travesuras, imita a mamá cuando coge el teléfon